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Sobre las vacunas contra la COVID-19 hemos escuchado prácticamente de todo: que contienen materiales magnéticos, que afectan a la fertilidad o que alteran el ADN. La ciencia responde a todos estos bulos.

Desde el inicio de la campaña de vacunación masiva contra la COVID-19 internet, las redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea como WhatsApp se han convertido en las plataformas idóneas a través de las que se han difundido numerosos bulosmitos mentiras sobre las vacunas desarrolladas contra el SARS-CoV-2. La desinformación puede erigirse como un enemigo peligroso dada la facilidad y rapidez con la que se mueve y que, sumado a la falta de contraste de las informaciones que recibimos, generan un caldo de cultivo perfecto para socavar la confianza en el titánico esfuerzo realizado por la comunidad científica en un tiempo récord.

A pesar de que los datos de vacunación en España son bastante positivos, en otros países la desinformación alimentada por fake news y bulos que corren como la pólvora en las redes sociales están ralentizando el avance de las campañas de inmunización. la única forma de combatir esta peligrosa pandemia es responder ante todas estas mentiras información veraz, contrastada y fundamentada única y exclusivamente en la evidencia científica que está al alcance de todos. Ante cualquier duda sobre las vacunas, lo mejor es consultar fuentes oficiales y no dar crédito a los peligrosos mensajes que se expanden como un virus a través de WhatsApp o las redes sociales.

Con el objetivo de desterrar (ojalá de una vez por todas) todas las mentiras que se han dicho sobre las vacunas contra la COVID-19, a continuación, se ofrece una recopilación de los bulos más repetidos y como la ciencia demuestra que solo se trata de mentiras.

  • Las vacunas no contienen metales pesados

¿Cuántos vídeos hemos visto de personas que afirman que, tras ser vacunadas, el brazo en el que se le ha inoculado el suero actúa como un imán? Las redes sociales se han inundado de explicaciones posibles siendo la más repetida que los sueros contienen metales pesados.

Un imán puede “pegarse” tanto a personas vacunadas como no vacunadas por algo tan simple como el sudor de la piel o la grasa que haya en ella

“Las vacunas contra la COVID-19 no contienen metales como hierro, níquel, litio ni aleaciones raras, así como tampoco productos manufacturados como artículos de microelectrónica, electrodos, nanotubos de carbono ni semiconductores de nanocableado. Además, la dosis habitual de una vacuna contra la COVID-19 es menos de un mililitro que no es suficiente para atraer imanes a la zona en la que se inyectó la vacuna, en caso de que estas tuvieran algún material magnético”, explican los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés).

Otros bulos argumentan que el “efecto imán” posterior a la vacunación se produce por el grafeno que contienen los sueros. El grafeno no se encuentra entre los ingredientes de ningún suero y se trata de un material que no posee las supuestas propiedades magnéticas que se le atribuyen.

Un imán puede “pegarse” tanto a personas vacunadas como no vacunadas por algo tan simple como el sudor de la piel o la grasa que haya en ella.

  • Las vacunas se están utilizando para implantarnos microchips

Este ha sido sin duda uno de los bulos más extendidos. Las teorías de la conspiración que circulan por todo el mundo señalan un oscuro plan que habría sido orquestado por el creador de Microsoft, Bill Gates, para implantarnos microchips mediante la inoculación de los sueros. Una mentira sobre la que hasta el propio Gates y los fabricantes de vacunas de han bromeado en varias ocasiones.

“El ARN mensajero no puede ni afectar ni interactuar con nuestro ADN de ninguna manera. Las vacunas basadas en ARN mensajero funcionan con las defensas naturales del cuerpo para desarrollar de manera segura la inmunidad”

La Organización Mundial de la Salud (OMS), la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) o la Agencia Europea del Medicamento (EMA, por sus siglas en inglés), han publicado en sus páginas web extensa documentación sobre el proceso de desarrollo de las vacunas y los ingredientes que las componen y pueden consultarse fácilmente. Una información que también ofrecen los fabricantes de las vacunas y que está recogida en las fichas técnicas de los sueros.

  • Las vacunas contra la COVID-19 alteran el ADN

Las vacunas desarrolladas por Pfizer/BioNTech y Moderna se basan en tecnología de ARN mensajero que instruye a nuestras células sobre cómo producir una proteína que desencadena la respuesta inmune contra el virus y, así, generar inmunidad. El ARN mensajero (es decir, las instrucciones), nunca penetra en el núcleo de nuestras células tal y como aseguran los CDC.

“Esto significa que el ARN mensajero no puede ni afectar ni interactuar con nuestro ADN de ninguna manera. Las vacunas basadas en ARN mensajero funcionan con las defensas naturales del cuerpo para desarrollar de manera segura la inmunidad”, explican desde los CDC tal. Los informes recalcan además que las células inmunitarias se descomponen y eliminan el ARN mensajero poco después de haber “entregado las instrucciones”.

La vacuna no interactúa con el núcleo de las células ni afecta de ninguna forma a nuestro código genético. Este tipo de vacunas tienen la ventaja de que no tiene carga ni producto viral y permiten vacunaciones posteriores.

  • Las vacunas contra la COVID-19 afectan a la fertilidad

Daniel Mataró, médico especialista en Ginecología y Obstetricia y vocal de la Junta de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), explica en Voces Expertas, creado por el Ministerio de Sanidad para aclarar dudas sobre el proceso de vacunación contra la COVID-19, explica que “no existen evidencias de que la vacunación aumente el riesgo de infertilidad”.

“Actualmente no hay evidencia de que alguna vacuna, incluidas las vacunas COVID-19, cause problemas de fertilidad en mujeres o hombres”

Expone que, si los anticuerpos que nuestro organismo genera como respuesta a la vacuna inoculada afectaran de modo alguno a la fertilidad, esta también se vería perjudicada por los anticuerpos desarrollados como respuesta a la infección natural. Algo sobre lo que no existe ninguna evidencia como tampoco la hay de que las vacunas incrementen el riesgo de pérdida durante el primer trimestre, muerte fetal o anomalías congénitas.

Edward Morris, presidente del Royal College of Obstetricians and Gynecologist, explicaba lo siguiente a través de un comunicado: “Queremos asegurar a las mujeres que no hay evidencia que sugiera que las vacunas contra la COVID-19 afectarán a la fertilidad. Estas afirmaciones son especulativas y no están respaldadas por ningún dato. No existe un mecanismo biológicamente plausible por el cual las vacunas actuales puedan causar algún impacto en la fertilidad y no se ha reportado evidencia de que las mujeres que han sido vacunadas hayan experimentado algún problema de fertilidad”.

Los CDC manifiestan: “Actualmente no hay evidencia de que alguna vacuna, incluidas las vacunas COVID-19, cause problemas de fertilidad en mujeres o hombres”. “Si está tratando de quedarse embarazada, no necesita evitar el embarazo después de recibir la vacuna contra la COVID-19”.

  • Las vacunas contra la COVID-19 inoculan el virus

Actualmente en la Unión Europea hay cuatro sueros que han recibido luz verde por parte de la EMA y han sido autorizados para su comercialización de emergencia por parte de la UE: Pfizer/BioNTech, Moderna, AstraZeneca y Janssen. Tal y como se ha explicado, las dos primeras vacunas se han desarrollado sobre tecnología de ARN mensajero. En cuanto a las vacunas de AstraZeneca y Janssen se han elaborado mediante vectores virales. ¿Qué significa esto?

En el caso de AstraZeneca, utiliza un vector viral de chimpancé no replicativo basado en una versión debilitada de un virus del resfriado común (adenovirus) que causa infecciones en los chimpancés y contiene el material genético de la proteína de la espícula del virus SARS-CoV-2. Después de la vacunación, se produce la proteína superficial de la espícula, lo que prepara al sistema inmunitario para atacar al virus SARS-CoV-2 si posteriormente infecta al organismo. Si ponemos el foco en el suero de Janssen, se

trata de una vacuna de vector vírico que vehiculiza dentro de un virus inofensivo diferente al coronavirus la información genética necesaria para que el cuerpo humano produzca anticuerpos/respuesta inmune frente a la proteína S del SARS-CoV-2.

En ninguno de los dos casos los vectores virales empleados cuentan con capacidad para replicarse ni para causar infección.

Fuente: CONSALUD.ES
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